Todos mis proyectos tienen garantía de devolución total. Si el resultado no es lo que acordamos, te devuelvo la plata. El 100%.
La mayoría de los desarrolladores y agencias no ofrecen esto. Hay una razón por la que yo sí puedo.
Qué cubre la garantía
El compromiso es concreto: si al finalizar el proyecto el resultado no cumple con lo que se acordó en el presupuesto, devuelvo el pago completo. No un crédito para futuros trabajos, no un descuento, no una promesa de “arreglarlo después”. Plata de vuelta.
Lo que se acordó está documentado. Cuando acepto un proyecto, el alcance queda por escrito: qué incluye, qué no incluye, cuántas páginas, qué funcionalidades, qué integraciones. Ese documento es la referencia para evaluar si el resultado cumple o no.
Qué no cubre
La garantía no es un cheque en blanco:
No cubre cambios de opinión. Si aprobaste un diseño y después de dos semanas decidís que no te gusta, eso no es un incumplimiento mío. Para eso existen las rondas de revisión — que son el momento de pedir cambios.
No cubre alcance nuevo. Si el proyecto era un sitio de 5 páginas y a mitad de camino decidís que necesitás 15, las 10 páginas extra son un adicional, no un defecto.
No cubre problemas que no son de desarrollo. Si tu hosting se cae, si tu dominio expira porque no lo renovaste, o si tu contenido tiene errores — eso está fuera del desarrollo.
Cubre lo que yo hice. Si el sitio tiene un error técnico, si una funcionalidad no anda como se acordó, si el diseño no se parece a lo que se aprobó — eso sí es mi responsabilidad y se corrige sin costo. Y si no puedo corregirlo a satisfacción, devuelvo la plata.
Por qué puedo ofrecer esto
Porque defino el alcance antes de arrancar
El 90% de los conflictos en proyectos de desarrollo vienen de alcances vagos. “Haceme una web” no es un alcance — es una invitación al desastre. Cuando el cliente espera una cosa y el desarrollador entrega otra, los dos tienen razón y ninguno está contento.
Antes de empezar, el alcance queda explícito: qué páginas, qué funcionalidades, qué integraciones, qué no incluye, cuántas rondas de revisión. Si hay algo ambiguo, lo aclaro antes de aceptar el pago. Eso protege al cliente y me protege a mí.
Porque no acepto proyectos que no puedo entregar
Si alguien me pide algo que está fuera de mi experiencia o que tiene un plazo irreal, le digo que no. Prefiero perder un proyecto que aceptar algo que sé que va a terminar mal.
En 11 años y 150+ proyectos, no necesité ejecutar esta garantía. No porque los clientes no puedan pedirla — porque el proceso de definición previa evita el escenario donde sería necesaria.
Porque confío en mi trabajo
Suena a frase de motivación, pero es literal. Si después de 150 proyectos no pudiera garantizar mi trabajo, algo estaría muy mal.
Lo que esto le da al cliente
Tranquilidad. Contratar un freelance que no conocés tiene un riesgo inherente. No sabés si va a entregar, si va a entregar bien, o si va a desaparecer. La garantía reduce ese riesgo a cero: si no te sirve, recuperás tu inversión.
Poder de negociación real. No estás atrapado en un proyecto que no te convence “porque ya pagué”. Si el resultado no cumple, la salida es limpia.
Una señal de que el proveedor se toma en serio lo que hace. Ofrecer garantía de devolución total es ponerse en juego. Los que no la ofrecen no necesariamente son malos — pero el que la ofrece te está diciendo algo claro sobre su nivel de confianza en lo que entrega.
La pregunta que nadie hace
“¿Cuántas veces te pidieron la devolución?”
Ninguna. Y no es porque los clientes sean tímidos — es porque cuando el alcance está bien definido, las expectativas están alineadas, y el trabajo se hace con profesionalismo, el resultado cumple.
La garantía existe como red de seguridad. Como el cinturón de seguridad: lo mejor que te puede pasar es no necesitarlo nunca. Pero querés tenerlo puesto.